Qué tal. Estoy de regreso.
Lo curioso es que ya había publicado una entrada con un título parecido en enero de 2013. En aquella ocasión habían pasado apenas unas semanas desde la publicación anterior. Esta vez pasaron más de doce años.
El 2 de enero de 2014 publiqué la entrada más reciente de este blog: “Adiós 2013, bienvenido 2014”. En ella contaba que acababa de casarme con la mujer de mi vida, que había comenzado un nuevo trabajo con mayor exposición internacional y que ese año iniciaríamos los trámites para emigrar a Australia.
Volver a leerla después de tanto tiempo se siente como abrir una cápsula del tiempo.
Aquel joven estaba convencido de que podía diseñar su futuro: elegir un destino, investigar, prepararse y avanzar paso a paso hasta llegar a él. En muchas entradas hablaba de mejorar mi inglés, desarrollar mi perfil profesional, obtener experiencia internacional y construir una vida en otro país.
No estaba completamente equivocado. Solo se equivocó de destino.
Nunca llegamos a Australia.
La vida, con esa costumbre que tiene de modificar hasta los planes mejor trazados, terminó llevándonos a Estados Unidos. No fue la tierra de los canguros que imaginábamos, pero sí ocurrió aquello que estaba detrás de todo el proyecto: dejamos Monterrey, comenzamos de nuevo en otro país y descubrimos lo que realmente significa vivir lejos del lugar donde uno creció.
Muchos de aquellos “pequeños pasos” que describía en el blog terminaron sirviendo. El cambio hacia el mundo de la tecnología, las primeras conversaciones de trabajo en inglés y la experiencia con equipos internacionales fueron formando una carrera que, con los años, me llevó mucho más lejos de lo que alcanzaba a imaginar entonces.
Hoy vivo en San Diego y trabajo en PlayStation.
Todavía me cuesta escribir esa frase sin sentir que estoy contando la vida de otra persona. El joven que redactaba este blog soñaba con Australia y con encontrar algún día una oportunidad internacional, pero jamás, ni en sus sueños más guajiros, habría imaginado que terminaría viviendo en California y trabajando en un lugar cuyo nombre, en aquella época, pertenecía al mundo de los videojuegos y no al de sus posibilidades profesionales.
No sucedió de la manera que había planeado ni mediante un solo gran salto. Fueron años de trabajo, cambios de rumbo, incertidumbre y oportunidades que muchas veces solo cobraron sentido después de haberlas vivido. El destino fue distinto, pero la intención original se cumplió de una forma que aquel joven difícilmente habría podido anticipar.
También cambió mi vida personal. La mujer con la que acababa de casarme cuando escribí aquella última entrada sigue a mi lado. Nuestra familia creció y hoy, además de esposo, soy padre. Esa palabra por sí sola representa una vida que el autor de este blog todavía no conocía y que habría sido incapaz de imaginar por completo.
Emigrar también resultó bastante más complejo de lo que parecía cuando lo observaba desde lejos.
Desde afuera, uno piensa principalmente en las oportunidades, los salarios, la seguridad o la calidad de vida. Todo eso importa, por supuesto. Pero vivir fuera también significa perderse reuniones, ver envejecer a la familia a la distancia y descubrir que, mientras uno intenta construir un nuevo hogar, el hogar anterior continúa transformándose sin pedir permiso.
Con los años aparece además una sensación difícil de explicar. Uno ya no es exactamente la persona que se fue, pero tampoco termina de pertenecer por completo al lugar al que llegó. Aprende nuevas costumbres y otra manera de ver el mundo, mientras conserva dentro de sí palabras, valores y recuerdos que solamente pueden venir del lugar donde creció.
Tal vez por eso decidí volver a escribir.
Este blog comenzó como el registro de un futuro que todavía no existía. Hoy puedo regresar para contar qué ocurrió cuando aquel futuro finalmente llegó. No pretendo documentar cada aspecto de mi vida ni convertir esto en un diario detallado. Internet es muy distinto al de 2012 y ahora valoro mucho más la privacidad de mi familia. Algunas cosas seguirán perteneciendo únicamente a nosotros.
Pero sí me gustaría recuperar este espacio para escribir sobre la migración, el paso del tiempo, la familia, el trabajo y las ideas que uno adquiere —o abandona— conforme envejece.
También quiero volver porque, al leer estas entradas, comprendí que el blog conserva una versión de mí que ya no existe: un joven de veintitantos años que pensaba mucho en Australia, discutía sobre estadísticas, soñaba en grande y estaba convencido de que el esfuerzo podía cambiar su vida.
Afortunadamente, algo de él todavía permanece.
No sé con qué frecuencia publicaré ni si queda alguien del otro lado. Blogger se siente ahora como una reliquia de otro internet, pero precisamente por eso me parece el lugar correcto para regresar. Este espacio permaneció aquí, en silencio, guardando mis planes durante más de una década.
La próxima entrada se titula “El Monterrey que ya no existe”.
Antes de escribir sobre la ciudad que dejé, sentía que primero debía contar, aunque fuera brevemente, qué había ocurrido con la persona que se fue.
Cambio y fuera. Hasta la próxima.